Transformaciones de la realidad humana.

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(Apuntes sobre la reflexión de sí mismo ante el pensar y el actuar de si mismo)

Si no lo descubres solo, espero que alguien se acerque y te hable de ello. Quizás una gran amiga o un gran amigo, tu madre o tu padre, tu esposa o tu hijo, o algún desconocido que nunca vemos, o quizás los daños o alegrías hablen por sí solos o tal vez nunca los oirás, por pensar que tener una mente “libre” es estar libre de las responsabilidades de tus actos.

Pienso que el relacionarse con un ser humano no conlleva solamente el alimento de las experiencias, sino un grado inacabado y desconocido de responsabilidad que debemos advertir. Y aunque descubras que tu mente es “libre”, y aunque descubras que puedes en tu mente construir y destruir infinitas formas de ver el mundo y de pensar y vivir a quienes habitan en él y a ti mismo, las raíces que te unen a todo ello habitan en esta realidad común que nos dio el nacer a todos.

¿Cual realidad? Es la realidad que vives al ver a tu hijo aprender a navegar por la vida y a navegar por su propia vida, o la que ves en las lágrimas o la sonrisa de tu esposa frente a tus actos. Es la realidad que habita al tocar la piel de tu ser amado y darte cuenta que están vivos. Es la realidad que descubres cuando alguien grita 'guerra' y ves dolor y odio en unos y alegría y dicha en otros. Es la realidad de cientos de millones de hambrientos en el televisor del más rico de turno o la realidad compartida por millones de seres humanos encarcelados en prisiones hechas de moral. Es el sentimiento profundo de la traición o recompensa a tu entrega de amor en tus obras y tus días, o es aquella realidad en la que al vivir momentos comunes compartes un paisaje de sonrisas con tu familia o tus mejores amigos, o aquella donde ves a la gente caminar, mirarte, hablar. Es la realidad de verte en el espejo y encontrarte con tu cuerpo, con tu rostro, con tus ojos, con tu historia. Es la realidad de realidades infinitas que construyes cuando tus ideas se transforman en obras que transforman la realidad que habitamos como seres humanos, que te encierran o te abren al mundo y a ti mismo.

Hay definiciones que no se aprenden en los diccionarios, o leyéndolos en libros infinitos, o en fecundas enciclopedias o en las palabras y experiencias vividas por otros. Hay definiciones que solo se aprenden hasta cuando se viven.

De las miles de ideas que pueden controvertir y alimentar lo que he escrito, hay un poema de Jose Agustín Goytisolo que de sobra lo hace:

La mejor escuela

Desconfía de aquéllos que te enseñan
listas de nombres,
fórmulas
y fechas
y que siempre repiten modelos de cultura
que son la triste herencia que aborreces.

No aprendas sólo cosas,
piensa en ellas
y construye a tu antojo situaciones e imágenes
que rompan la barrera que aseguran existe
entre la realidad y la utopía:

Vive un mundo cóncavo y vacío
juzga como sería una selva quemada
detén el oleaje de las rompientes
tiñe de rojo el mar
sigue a unas paralelas hasta que te devuelvan
al punto de partida
coloca el horizonte en vertical
haz aullar a un desierto
Después sal a la calle y observa:

es la mejor escuela de tu vida.

Jose Agustín Goytisolo.

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